Al escribir cualquier cosa y en cualquier dispositivo, las teclas están en unas posiciones determinadas y no siguen el orden del tradicional abecedario que nos llevan enseñando toda la vida. La curiosidad es que antiguamente sí que estaban ordenadas alfabéticamente. ¿Por qué ahora no?

La que actualmente se considera como la primera máquina de escribir (o, al menos, una ‘proto’ máquina de escribir) fue creada en 1829 por William Austin Burt, quien la patentó con el nombre de ‘tipógrafo’. Era un aparato con un teclado similar al de un piano. 

Partiendo de la idea de Austin Burt, Christopher Latham Sholes, Samuel W. Soule, Carlos Glidden y John Pratt crearon la primera máquina de escribir moderna en 1873.

Su principal problema fue que se atascaba con regularidad: al disponerse las teclas en orden alfabético, las varillas asociadas a las mismas terminaban chocando entre sí al estamparse sobre el papel, lo que ocurría sobre todo al pulsar casi al unísono dos letras correlativas.

Tras varias investigaciones, Christopher elaboró la idea de que las letras más usadas frecuentemente tenían que estar más separadas o que fuera más complejo acceder a ellas a la hora de escribir y evitar así que dichos caracteres ‘se molestasen’. Por este motivo, nació el teclado que tenemos hoy en día, el teclado QWERTY.

Con este orden de caracteres diseñado por Sholes, las personas logran escribir de manera más rápida y esa distribución permite utilizar las dos manos para escribir prácticamente todas las palabras. De esta forma, se ahorra tiempo y la escritura es más fluida.

A día de hoy, este orden sigue sin convencer a todo el mundo, pues fue pensado para el inglés, lo que dificulta a los que redactan en otras lenguas. 

Con información de 20 Minutos

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