La prolongada sequía en el Cono Sur, las anegaciones en el Caribe y el norte de Suramérica, las olas de calor en distintos puntos del continente y los voraces incendios en Chile, tienen un denominador común: crisis climáticas producidas por el ser humano.

A esto se suma que, en la mayoría de los casos, los Gobiernos han exhibido capacidades limitadas para prevenir o atemperar los efectos de eventos como huracanes, sequías e inundaciones, en un contexto donde las estrategias preventivas deberían ser la norma, tal y como advierte la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Pérdidas económicas

La tragedia medioambiental viene aparejada de cuantiosas pérdidas económicas y desplazamientos forzados de comunidades enteras, que han visto desaparecer sus medios de sustento por causa de eventos naturales favorecidos por acciones humanas.

Según el más reciente informe de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDDR, por sus siglas en inglés), en el período 2015-2020, 22,7 millones de personas resultaron afectadas por desastres naturales en América Latina y el Caribe, al tiempo que las pérdidas económicas por esa causa –a precios de 2018– se cuantificaron en 86,1 millones de dólares.

El panorama no luce nada alentador. De acuerdo con las proyecciones del organismo, en el mediano plazo se incrementará la desertificación, habrá períodos largos de calor y sequía, que alternarán con etapas de lluvias torrenciales e inundaciones; se intensificarán los fenómenos de El Niño y La Niña, aumentarán la intensidad y frecuencia de los ciclones tropicales y las poblaciones costeras estarán severamente afectadas por el aumento en el nivel del mar.

Estos datos coinciden con lo reportado por la OMM en su informe Estado del Clima en América Latina y el Caribe 2021, donde se indica que «los cambios en el clima y los fenómenos extremos han afectado gravemente a la región de América Latina y el Caribe».

El riesgo se extenderá también a las ciudades con más de 500.000 habitantes –donde actualmente residen unos 340 millones de personas–, que estarán particularmente sensibles a los efectos de las altas temperaturas, en tanto la eliminación sostenida de árboles en favor de la construcción de edificaciones abonará para la formación de islas de calor y para el colapso de los mecanismos de infiltración del agua.

Si esta situación se mantiene, en 2050, 17 millones de personas habrán tenido que abandonar sus hogares por causa del clima y se habrán dirigido hacia el norte, especialmente a EE.UU., donde se espera que las condiciones climáticas sean menos desfavorables.

Con información de Actualidad.RT.com

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