Cuando Daniel Sumoza tenía 13 años e ingresaba a la secundaria, su abuelo trajo a casa a Tarzán, un perro no criado, de pelo claro, manchas marrones en las orejas y en uno de los ojos y desde ese día son inseparables. Tanto es así que durante cinco años lo acompañó todos los días al bachillerato, incluido el acto de graduación.

Tarzán se ganó el cariño de todos los compañeros de Daniel en el Liceo Bolivariano Josefa Camejo de la comunidad Mango Redondo en San Carlos, estado Cojedes. El joven, que ya tiene 17 años, tuvo su ceremonia de graduación el pasado 28 de julio y, ese mismo día, sus profesores y compañeros le dieron un diploma a su mascota porque siempre iba a la secundaria a acompañar a su dueño.

Daniel dijo que criaron a su mascota desde pequeño y siempre fue muy apegado a la familia y a él en particular. Cuando empezó la escuela secundaria, Tarzán lo siguió a la escuela secundaria; todos los intentos de mantener al perro alejado del aula fueron inútiles.

Recuerda que Tarzán, al principio, se convirtió en un problema. “Los profesores no lo querían en el salón de clases, me regañaban constantemente porque no lo querían en el salón de clases. Llegaron a decir que me quitarían cinco puntos de mis calificaciones si volvían a ver a Tarzán en la escuela secundaria. Hice lo imposible para que no se fuera”.

“Se acostaba debajo de mi mesa y cuando intentaban sacarlo, gruñía. Una vez que lo até en casa, se soltó y fue a la escuela secundaria. Ya ni me esperaba, al ver que se ponía el uniforme salía y me esperaba en la puerta del liceo. Llegó antes que yo”, dijo.

Con información de news euro

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