En noviembre del año pasado, unas personas notaron a un gigantesco perro gris amarrado de una de las banquetas. A simple vista, el dulce gigante no se veía bien de salud, su piel estaba seca y tenía infecciones hasta en los ojos.
Sus rescatistas no lo pensaron dos veces y lo llevaron al veterinario para que fuera examinado. Allí agradecía las atenciones médicas con ligeros movimientos de cola, el staff no podía estar más enamorado de «Gordo» ese fue el nombre que le pusieron al gigante noble de 4 patas.
Luego de su salida de la veterinaria, Gordo fue llevado a una casa temporal donde planeaba quedarse hasta recuperarse al 100% de sus infecciones y luego le conseguirían un hogar para siempre, pero las personas que lo acogieron se enamoraron completamente de lo dulce y dócil que es, así que pensaron que ya había encontrado su hogar en donde pasaría el resto de sus días.
Luego de pasar por un abandono traumático, el dulce gigante de 115 libras encontró la familia que se merecía y que le devolvió una sonrisa.
Con información de Tu amigo fiel









