Si en alguna ocasión has llegado a pensar que la juventud se va desvaneciendo lentamente con el paso de los años y que la entrada a la madurez es un proceso gradual, quizás has estado equivocado.
Según los resultados de una investigación de la Universidad de Stanford, existe un momento muy específico la vida de las personas en el que el cuerpo comienza a mostrar señales claras de envejecimiento. Y ese momento llega mucho antes de lo que la mayoría de la gente piensa.
La ciencia ha encontrado un método para determinar con precisión cuándo el cuerpo humano comienza a dar los primeros signos de envejecimiento. El estudio involucró a 4.331 participantes de entre 18 y 95 años y se centró en analizar los niveles de proteínas en la sangre.
El motivo por el que se centró en las proteínas no fue otro que el hecho de que estas moléculas, fundamentales para el funcionamiento de las células, pueden actuar como un reflejo de los cambios que el organismo experimenta con el paso de los años.
Lo que el equipo de Stanford descubrió fue sorprendente. Y es que el envejecimiento no es un proceso lineal, sino que sigue un patrón con tres puntos clave en la vida de una persona.
El primer punto crítico aparece a los 34 años. Aunque esta edad puede parecer prematura para hablar de envejecimiento, los cambios en ciertas proteínas vinculadas al proceso de envejecer comienzan a manifestarse a esta edad. Y es que lo cierto es que a pesar de que no haya todavía canas ni arrugas, a los 34 años el cuerpo inicia su transición hacia la madurez.
Este hallazgo desafía la idea generalizada de que la juventud se extiende más allá de la tercera década de vida. Pero lo que es aún más interesante es que los investigadores no solo identificaron este primer umbral, sino que también señalaron dos momentos adicionales en los que el cuerpo sufre cambios significativos: a los 60 años, cuando entramos en la madurez tardía, y a los 78 años, en plena vejez.
El estudio también reveló diferencias entre hombres y mujeres en cómo se presentan estos cambios. Mientras que en los hombres estos cambios son más evidentes, en las mujeres parecen ser más sutiles.
Esta diferencia podría estar vinculada a diversos factores biológicos y hormonales que influyen en la forma en que envejecen las personas. El profesor Tony Wyss-Coray, uno de los principales autores del estudio y profesor de ciencias neurológicas en Stanford, explicó que “las proteínas son los caballos de batalla de las células constituyentes del cuerpo, y cuando sus niveles relativos experimentan cambios sustanciales, significa que tú también has cambiado”.
En otras palabras, los cambios en las proteínas no solo indican que el cuerpo está envejeciendo, sino que también reflejan cambios profundos en la biología del organismo.
Los 34 marcan el fin de la juventud
Este descubrimiento no solo tiene implicaciones a la hora de comprender el envejecimiento, sino que también puede ser crucial en el desarrollo de nuevas estrategias para abordar enfermedades relacionadas con la edad, como el Alzheimer.
Al identificar a las personas que muestran signos tempranos de envejecimiento, podría ser posible intervenir antes de que estas condiciones se desarrollen por completo.
Aunque la ciencia asegura que los 34 años marcan el fin de la juventud desde un punto de vista biológico, esto no significa que haya que sentirse «viejo» a esta edad. Todo lo contrario. Este conocimiento debe servir para adoptar un enfoque más proactivo en la salud, prestando especial atención a las señales que da el cuerpo de cada persona y tomando medidas para autocuidarse más.
La edad sigue siendo una cuestión de actitud. Y aunque el reloj biológico no se detiene, la forma en que cada uno vive su vida y cuida su cuerpo y su mente puede hacer marcar la diferencia en cómo cada cuerpo experimenta estos cambios.
Con información de El Confidencial









