El megacohete Starship, el más grande del mundo y perteneciente a la empresa SpaceX de Elon Musk, despegó sin tripulantes el 18 de noviembre de 2023 en Texas, pero acabó destruida tras un par de grandes expløsiones, lo que supuso un fracaso en las ambiciones del magnate.

No obstante, las consecuencias de ello no solo fueron negativas para SpaceX, sino también para la atmósfera de la Tierra. Un equipo de investigadores reveló a la revista Geophysical Research Letters que los estallidos de la nave abrieron un enorme agujero en la ionosfera.

Según cuentan los expertos, la abertura se extendió por 2.000 kilómetros y se mantuvo por varias horas.

Las perturbaciones representadas por ondas de choques, cuentan los científicos, viajaron a una velocidad mayor que la del sonido. Como consecuencia, se produjo el agujero en la atmósfera inferior.

Con este hecho, sería la primera vez que se detecta un agujero ionosférico no químico «producido por una explôsión causada por el hombre», según la revista.

Al respecto el físico atmosférico del Instituto de Física Solar-Terrestre, Yury Yasyukevich, dijo a Nature que esto lo tomó por sorpresa a él y su equipo. «Significa que no entendemos los procesos que tienen lugar en la atmósfera», mencionó el coautor del estudio.

En sus palabras, tales fenómenos podría generar efectos para futuros cohetes que podrían requerir navegación satelital.

La revista Geophysical Research Letters explica que la ionosfera es sensible a numerosos fenómenos solares y geofísicos. En ese punto mencionan las erupciones solares y las tormentas geomagnéticas. No obstante, hacen hincapié en fenómenos cercanos a la superficie como pëligros naturales, las expløsiones y lanzamientos de cohetes.

En ese sentido Kosuke Heji, geofísico de la Universidad de Hokkaido en Japón, sostiene que los efectos químicos de las expløsiones provocaron el agujero. Señala que este no era tan grande como el que generó la erupción de un volcán en Tonga en 2022. Sin embargo, superó al que produjo un meteorito que cayó cerca de Chelyabinsk, Rusia, en 2013, el de mayor tamaño en un siglo.

Nature advierte que estas perturbaciones en la ionósfera pueden afectar no solo a la navegación satelital, sino también a las comunicaciones y a la radioastronomía.

Con información de El Cooperante.

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