Noruega se ha convertido en el líder global en la adopción de vehículos eléctricos (EV), con un 88,9% de los coches nuevos vendidos en 2024 funcionando con electricidad. Esto refleja un cambio profundo en su mercado automotriz, donde marcas como Volkswagen han dejado de ofrecer vehículos de combustibles fósiles. Este éxito no responde únicamente a una mentalidad ecológica, sino a políticas gubernamentales sólidas, incentivos fiscales, y la infraestructura adecuada que facilita la transición eléctrica.

A diferencia de países como Reino Unido (20% de ventas de EV en 2024) o Estados Unidos (8%), Noruega ha logrado avances únicos gracias a sus recursos naturales, como la abundancia de energía hidráulica renovable, que cubre el 88% de su capacidad energética. Esto, sumado a su fondo soberano multimillonario generado por exportaciones de petróleo, ha permitido la inversión en infraestructura y la mitigación de pérdidas fiscales por combustibles fósiles.

La transición no solo se ha basado en políticas, sino también en la percepción pública. Según expertos, los noruegos han adoptado los EV no por ser más ambientalistas, sino porque los consideran prácticos, económicos y sostenibles. La aceptación social de los EV ha hecho que, en Oslo, casi todos los vehículos en circulación sean eléctricos, eliminando progresivamente las opciones de gasolina y diésel.

El modelo noruego demuestra que otros países pueden replicar su éxito, siempre adaptando estrategias a sus contextos específicos. Las claves incluyen políticas bien diseñadas, infraestructura sólida, y una gradual transformación de la percepción sobre los EV, mostrando que son una opción viable y preferible para el futuro de la movilidad.

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