Algo está cambiando en el tejido productivo patrio. En la última década, las empresas de mayor tamaño han ganado terreno frente a los pequeños negocios, que han entrado en barrena. Son las dos caras de una realidad que es señal de progreso económico para el gobierno español, pero preocupa a las patronales porque la tendencia al incremento del tamaño empresarial es aún insuficiente para atajar la brecha con los competidores europeos y, por tanto, no compensa la pérdida de tejido productivo en los eslabones más bajos. Una tesitura de la que culpan directamente a la política económica desplegada por el Ejecutivo en los últimos años, incrementando los costes hasta niveles insostenibles para las pymes y obstaculizando el crecimiento con escalones regulatorios.
La estadística de empresas inscritas en la Seguridad Social es un buen termómetro para medir el estado de salud del tejido productivo porque abarca tanto el número de compañías como su tamaño, la cantidad de trabajadores que ocupan y con qué tipo de contratos, en qué sectores de actividad operan y en qué comunidades autónomas se ubican, entre otros aspectos.
Pues bien, en diciembre de 2014 había 1.255.613 empresas con trabajadores inscritas en la Seguridad Social. A cierre de 2024 se alcanzaron las 1.344.934, lo que supone un incremento de 89.321 compañías en diez años, el equivalente a un crecimiento porcentual del 7%. Un primer vistazo a la estadística arroja un comportamiento favorable del ritmo de creación de empresas, sin embargo, la evolución no fue igual de positiva para todos los tamaños y ahí el diagnóstico cambia y el panorama se ve desperanzador.









