En 2011, cuando Steve Jobs murió, dejó tras de sí no solo un legado en la industria tecnológica, sino también una decisión que desafiaría las tradiciones familiares sobre la acumulación de riqueza.
En lugar de repartir su fortuna entre todos sus hijos, optó por un camino poco convencional: su esposa, Laurene Powell Jobs, se convirtió en la principal heredera de su patrimonio, mientras que su hija mayor, Lisa Brennan-Jobs, recibió una suma significativamente menor. Sus otros tres hijos, en cambio, quedaron fuera de la distribución.
Por qué no heredad su gran fortuna
Esta decisión no fue accidental. Jobs y su esposa compartían la convicción de que una gran herencia podría convertirse en un obstáculo para el crecimiento personal. “No estamos interesados en construir riqueza generacional”, ha explicado en varias ocasiones Powell Jobs, quien administra los fondos heredados con una visión filantrópica.
A través de Emerson Collective y la Waverley Street Foundation, ha canalizado recursos hacia la educación, la equidad social y la lucha contra el cambio climático, con el objetivo de que su fortuna desaparezca con ella.
La idea de que la riqueza no debe heredarse sin restricciones no es exclusiva de los Jobs. En los últimos años, otros multimillonarios han tomado decisiones similares. Bill Gates, cofundador de Microsoft, ha dejado claro que la mayor parte de su fortuna irá a su fundación, en lugar de a sus hijos.
Con información de: Infobae









