En 2017, la FDA, el organismo que regula los fármacos en EE UU, aprobó el uso de la semaglutida, el popular Ozempic, pensado para la diabetes. Pronto se convirtió en una solución milagrosa al sobrepeso al conseguir reducir el deseo desaforado por la comida. Conseguía pérdidas de peso de hasta el 15% en 68 semanas.
El principal competidor de la semaglutida, que produce la farmacéutica danesa Novo Nordisk, es la tirzepatida, de la estadounidense Eli Lilly. Si el primer compuesto incluye una sustancia que imita el GLP-1 (péptido similar al glucagón, de sus siglas en inglés), una hormona que quita el apetito y regula el metabolismo, el segundo añade un análogo de otra hormona gástrica, el GIP (péptido inhibidor gástrico), que potencia la liberación de insulina y reduce el azúcar en sangre. Esta combinación de imitadores hormonales ha logrado en ensayos clínicos una pérdida de peso media de un 20% en 72 semanas.
La retatrutida, también de Lilly, añade al GLP-1 y el GIP, el glucagón, una hormona que regula el nivel de azúcar en sangre. Este compuesto, que aún no está aprobado, ha logrado una reducción de casi la cuarta parte del peso (24%) de los participantes en sus ensayos y podría aprobarse en 2027. En Novo Nordisk, la que es la mayor empresa europea gracias a estos fármacos, están probando, entre otros medicamentos, Cagrisema, que combina el GLP-1 con un análogo de la amilina, una hormona que ralentiza el vaciado gástrico y reduce el apetito.
En este caso, los resultados de un ensayo clínico avanzado presentados el pasado diciembre mostraron una reducción promedio del 22,7 del peso tras 68 semanas de tratamiento. Aunque la diferencia parezca pequeña.
La industria farmacéutica no se va a detener ahí. Ya hay 100 nuevos candidatos a fármacos en pruebas para hacerse con un trozo de pastel que puede alcanzar los 100.000 millones de dólares en 2030. Casi todas las grandes farmacéuticas tienen sus apuestas en el negocio de la delgadez.
Con información de El País









