Los oasis son como un milagro de la naturaleza. Con un poco de agua, las tierras más áridas de repente explotan en exuberancia, y dan frutos tan dulces como los dátiles y los higos. Son en realidad islas en vastos mares desérticos.

El agua de lluvia, que cayó hace cientos de años y se acumuló en manantiales o acuíferos subterráneos, brota a la superficie y hace posible la vida de fauna y flora. También de la humanidad, cuya historia en esos refugios naturales se remonta milenios: en el bíblico oasis de Ein Gedi, en el valle del Mar Muerto, se han hallado pruebas de asentamientos que datan del año 6000 a.C.

Por eso, todos son valiosos y excepcionales, Oasis Yueyaquan, China, Oasis de Huacachina, Perú, Wadi Bani Khalid, Omán, Oasis de Al-Ahsa, Arabia Saudita, Oasis Agua Caliente, EE.UU.

Por milenios, los oasis nos ha atraído y cautivado, y han ofrecido descanso al viajero del desierto, con piscinas al aire libre y el alivio de la sombra de las palmeras.

Con información de: La República

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