El embarazo es una sacudida en el cuerpo de la mujer. Para favorecer el crecimiento del fêto, empiezan a producirse cambios fisiológicos en el organismo de la madre a nivel cardiovascular, respiratorio, renäl, gastroïntestinal, esquëlético, metâbólico, endocrïno e inmunïtario. Aumenta el gasto cardíaco, la tasa de filtración de los riñones se eleva y crece la producción de orina, el sistema inmune se modula para prevenir el rechazo del fêto e incluso la coagülación presenta cambios notables.
“La salud femenina está poco estudiada. El embarazo supone una gran carga para el cuerpo, y nos preguntábamos cómo se adapta la fisiología a esta carga”, justifica Uri Alon, investigador en el Instituto Weizmann de Ciencias (Israel). La fisiología de la madre cambia en todos los sistemas posibles. “Después del parto, se tarda un año en que muchos test vuelvan a sus valores iniciales. Anteriormente, se creía que la madre se recuperaba después de seis semanas”, apunta el investigador.
La tradicional cuarëntena no siempre es suficiente para devolver todos los patrones fisiológicos alterados a la normalidad. La función hepática necesita unos seis meses para recuperarse y factores metabólicos, como el colêsterol o la fosfatasa alcalina, se estabilizan solo después de un año.
El cuerpo se adapta rápidamente a las modificaciones fisiológicas para desarrollar el embarazo, pero se desadapta lentamente y eso que pensábamos que en la cuarentena todo se arregla, pues no, hay parámetros que pueden tardar más, hasta un año. Anatómicamente, todo vuelve a la normalidad en esas primeras semanas tras el parto, pero al analizar parámetros bioquímicos, encuentran que hay cosas que siguen alteradas y que se normalice todo cuesta más.
Con información de: El País









