El crimen organizado vuelve a hacer temblar los cimientos del Estado en Ecuador. César Suárez, un importante fiscal ecuatoriano que investigaba los grupos delincuenciales, además de la toma por parte de un grupo de pandilleros del canal de televisión pública TC TV, ha sido asesinado a tiros este miércoles dentro de su vehículo, cuando conducía por el norte de Guayaquil. Le dispararon 20 veces sin que nadie pudiera intervenir, no llevaba escolta. Suárez llevaba alguno de los casos de corrupción más importantes del país. “No sé como ha sobrevivido tanto tiempo”, concede una fuente que trabajaba estrechamente con el fiscal.
La respuesta de sus colegas ha sido contundente. La fiscal general del Estado, Diana Salazar, ha asegurado que la muerte de Suárez no detendrá el avance de la justicia. “Voy a ser enfática: los grupos de delincuencia organizada, los criminales, los terroristas, no detendrán nuestro compromiso con la sociedad ecuatoriana. Continuaremos con más fuerza y compromiso. Debemos tener claro que este hecho atroz trae consigo un mensaje para el trabajo que estamos cumpliendo desde la justicia en Ecuador”, ha dicho Salazar. A continuación, ha pedido a las fuerzas del orden que garanticen la seguridad de los funcionarios y ha sido clara en que su unidad indaga desde ya el asesinato para que no quede impune.
El fiscal se dio a conocer a la opinión pública en 2020, cuando se hizo cargo de los casos de corrupción más importantes sobre la compra de materiales de los hospitales durante la pandemia. Ahí surgió por primera vez el nombre de Daniel Salcedo, que ayer fue capturado en Panamá, donde huía de la justicia. Salcedo aparece también involucrado en el famoso caso Metástasis, una mega operación para depurar la corrupción en el sistema judicial, que no es poca. Además, indagó los malos manejos en Petroecuador, la antigua empresa estatal de petróleo. El coronel de la policía, Renato González, ha destacado en redes sociales que Suárez era “uno de los pocos fiscales que con valencia y ahora puedo decir hasta con heroísmo, avanzó en las investigaciones del caso @Isspol””. “Solidaridad con la Fiscalía de Ecuador y su familia”, acabó.Su asesinato ha causado una gran conmoción. Suárez era conocido por ser implacable e incorruptible, según varias fuentes consultadas. Era un gran aliado de los periodistas de investigación, a los que a menudo daba pistas que convenía seguir. Era evidente que su vida corría peligro, sobre todo en esta última semana, en la que las pandillas están cometiendo atentados para obligar al presidente “a negociar”, sin que se quede del todo claro cuáles son sus exigencias. Por el momento, Noboa ha desplegado el ejército en las calles, ha impuesto un toque de queda y, al menos momentáneamente, ha retomado el control de las cárceles, el centro neurálgico de las pandillas. Estas han ganado un poder extraordinario desde que el puerto de Guayaquil, de cara al océano Pacífico, se convirtiera en la principal ruta del tráfico de cocaína a nivel mundial. En alianza con los cárteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, los Choneros y Los Lobos, bandas locales, han impuesto su ley.
El fiscal salía de un complejo policial, donde tenía su despacho, y se dirigía a un juzgado para celebrar una audiencia. Según denunció hace menos de 24 horas en el periódico ecuatoriano El Universo, no contaba con escolta, pese a que acababa de interrogar a los 13 detenidos por irrumpir en directo en un programa televisión, que siguió emitiendo durante algo más de media hora. La escena dejó helada al mundo, que puso sus ojos en la descomposición que vive en el país. El crimen organizado ha infiltrado la judicatura, la policía y el ejército. Tiene en nómina a alcaldes y gobernadores. El reto del presidente Noboa, un joven multimillonario con muy poca experiencia política, pasa por detener el avance de la mafia, que amenaza con tomarse todos los resortes del Estado.
Con información de El Pais









