Las cuevas prehistóricas nos han dado muchas alegrías arqueológicas en España. Siguen dándolas y nos ayudan a desentrañar misterios. En este sentido, las de Altamira son la joya de la corona arqueológica de la península, pero hay muchas otras cuevas que han servido a diferentes propósitos durante milenios y que hoy se han convertido en un reclamo turístico por su belleza natural forjada a lo largo de miles de años.

Sin embargo, hay algunas que no han quedado a merced de la naturaleza y, hasta hace poco, siguieron siendo enclaves en los que la actividad humana estaba presente. Una de ellas es la de Ojo Guareña, que además es el segundo complejo kárstico más grande de la península ibérica, sólo por detrás del Sistema del Mortillano.

Complejos kársticos. Son los resultantes de un proceso de disolución de rocas solubles como calizas y dolomías, así como de minerales como el yeso, debido a la acción del agua. A lo largo de los siglos, este proceso de meteorización química genera cuevas y un drenaje que reduce la cantidad de agua superficial, por lo que se generan galerías en las que la humanidad ha podido adentrarse.

Son cuevas muy características debido a la presencia de formaciones como estalactitas y estalagmitas, lo que también da un aura mística a estos lugares. Y, debido a su propia condición de cuevas, muchos de estos complejos kársticos han servido como refugio en la prehistoria, por lo que se han convertido en valiosos sitios arqueológicos y paleontológicos. La mencionada Altamira, sin ir más lejos.

Fuente. Xataka

¿Qué opinas de esto?