Capriles llama a la oposición a “superar la retórica” y reclama una agenda realista frente a Maduro.

El dirigente antichavista hace un diagnóstico demoledor de la estrategia de Guaidó y pide luchar por una salida pacífica y negociada de la grave crisis de Venezuela.

El dirigente opositor venezolano Henrique Capriles ha comenzado el año más difícil para las fuerzas antichavistas, expulsadas de facto de todas las instituciones, con un llamamiento a la concreción. El político, excandidato presidencial y exgobernador del Estado Miranda, lleva meses tratando de forzar una salida que vaya más allá de un pulso simbólico con Nicolás Maduro., Capriles pide a toda la oposición a “superar la retórica” y hace hincapié en la necesidad de fijar con urgencia una agenda común frente al Gobierno bolivariano.

El diagnóstico del líder histórico del partido Primero Justicia es demoledor. Venezuela, escribe, arrancó 2021 con un “vacío gigantesco” y la población siente que la oposición se ha convertido “en una confusa mezcla que genera una incertidumbre que solo le conviene a quienes tienen el poder”. A la gravísima crisis institucional y económica del país sudamericano se han sumado en los últimos meses los efectos devastadores de la pandemia de coronavirus. Y según la Encuesta Nacional sobre las Condiciones de Vida (Encovi), elaborada por dos universidades públicas y una privada, el 96% de las familias venezolanas lucha contra la miseria y el 79% está en una situación de pobreza extrema.

Capriles sostiene que, además de las disfunciones del régimen, una desastrosa gestión económica, las violaciones a los derechos humanos, el colapso de los servicios públicos y el hostigamiento a los medios de comunicación, la ausencia de una alternativa clara contribuye a generar una sensación de zozobra. “Un contexto como este nos impone la necesidad de establecer una agenda común con urgencia”, afirma. Capriles centró su estrategia en buscar lo que llama “hecho político real” en contraposición a lo que han hecho el líder opositor Juan Guaidó, a quien no menciona abiertamente, y su mentor, Leopoldo López. Esto es, construir un aparato que pretende actuar como Gobierno en la sombra y que en la práctica, pese a dos años de intentos, no ha logrado derrocar a Maduro.

Ese “hecho político real” es, por encima de todos los demás, una competición electoral limpia. Hasta ahora, sin embargo, no se han dado las condiciones. El propio Capriles abrió la puerta el pasado mes de septiembre a participar en las elecciones parlamentarias de diciembre. Finalmente renunció, ante las advertencias de la Unión Europea sobre las nulas garantías de ese proceso, y el chavismo, representado por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), recuperó el control de la Asamblea Nacional después de cinco años. La propuesta de buscar una fórmula para ir a unas elecciones, rechazada tajantemente por la mayoría de partidos, le costó a Capriles duras críticas internas. Pero al mismo tiempo el profundo desgaste de Guaidó y la rumbo incierto le han impulsado a buscar otros caminos para construir un nuevo proyecto.

En su opinión, la oposición debe apegarse a una agenda que “le dé a los venezolanos posibilidades reales de transformación”. Sus prioridades son tres: “La situación humanitaria y la covid-19, la reinstitucionalización del país y la atención de los venezolanos que viven en las regiones más allá de Caracas, ocultadas y cruelmente azotadas por la indolencia de Nicolás Maduro y los suyos”.

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