Papa o patata? La lengua vive y en cada lugar lo hace a su manera. Es decir, evoluciona. «Hasta el siglo XIX, en España, a la patata se le llamaba papa”, asegura a DW Darío Villanueva, exdirector de la Real Academia Española, remitiéndose a archivos que así lo demuestran. No ha estudiado por qué dejó de llamarse así en el país que rinde verdadero culto a la tortilla de «patatas”. Pero la historia de esta lengua compartida por España y América es un camino de doble vía que atraviesa el Atlántico. Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática de la lengua castellana, recogió también la primera palabra americana en su diccionario latino-español, de 1495: canoa, de origen caribeño.
Más de medio milenio ha pasado desde la conquista de América, que llevó al Nuevo Mundo la lengua de Cervantes. Como diría Pablo Neruda, en «Confieso que he vivido»: «Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras». Palabras del idioma español o castellano. Una denominación que vuelve a ponerse en entredicho, en vista de que a estas alturas la mayoría de sus hablantes nativos son latinoamericanos.
¿Hablamos ñamericano?
El tema tiene una carga política e incluso emocional. «No podemos separar lo social, lo histórico, de la lengua. Creo que eso es lo que está ahí, imperando en esa discusión”, dice a DW la lingüista mexicana Verónica Lozada Martínez, profesora de la UNAM.
La lengua, la colonia y la independencia
El exdirector de la RAE refuta que el español se impusiera a sangre y fuego en América. «Eso es absolutamente falso”, afirma, asegurando que «el imperio español no utilizó el español como un instrumento impositivo de uso obligatorio”.
Argumenta que «desde Carlos V a Felipe II, empieza a haber normas de respeto a las lenguas nativas, y luego del estudio de ellas en las universidades; del náhuatl, del aimara, del quechua, etc. Hay que comparar lo que pasó con las lenguas de los nativos de América del Norte con la colonización británica, y lo que pasó con las lenguas amerindias en Centroamérica y América del Sur”.
Con información de DW









