Según un estudio publicado en Science, el metabolismo experimenta cambios a lo largo de la vida, alcanzando su punto máximo alrededor de los 20 años, manteniéndose estable hasta los 60 y disminuyendo progresivamente a partir de esa edad.
Este descenso está estrechamente relacionado con la pérdida de masa muscular, un proceso natural del envejecimiento que afecta directamente la tasa metabólica basal, es decir, la cantidad de energía que el cuerpo necesita para realizar funciones vitales en reposo.
El metabolismo basal representa entre el 60 y el 65% del gasto energético total diario, lo que lo convierte en el principal consumidor de energía del organismo.
Otros factores, como la actividad física, que incluye tanto el ejercicio estructurado como el movimiento cotidiano (conocido como NEAT, por sus siglas en inglés), contribuyen hasta un 30%, mientras que la digestión de los alimentos, conocida como termogénesis inducida por la dieta, supone entre un 10 y un 15%.
El metabolismo no es igual para todas las personas. Variables como la genética, el sexo, la edad y la composición corporal desempeñan un papel fundamental en su funcionamiento.
Por ejemplo, los hombres suelen tener una mayor masa muscular que las mujeres, lo que les permite quemar más calorías incluso en reposo. Asimismo, las personas con mayor masa muscular tienden a tener un metabolismo más rápido, ya que los músculos requieren más energía para mantenerse que la grasa corporal.
Sin embargo, los hábitos de vida también son determinantes. La doctora María Amaro, en diálogo con ABC, explica que las dietas extremadamente bajas en calorías pueden ralentizar el metabolismo al poner al cuerpo en un estado de alerta, lo que provoca que almacene energía en forma de grasa.
Con información de: Noticias Venevisión









