El verano es una época del año en la que el riesgo de deshidratación es mayor debido a las altas temperaturas generalizadas. La deshidratación se produce cuando el organismo humano no tiene tanta agua y líquidos como es necesario. Puede ser leve, moderada o grave, según la cantidad de líquido corporal que se haya perdido y que no se haya repuesto. En todos los casos hay que responder con celeridad, pero especialmente en los casos graves, ya que puede peligrar la vida.
Para diagnosticar la deshidratación, el médico puede observar los síntomas más frecuentes como tener la presión arterial baja, sobre todo cuando estás estirado y te levantas, y mostrar un ritmo cardíaco acelerado. Para confirmar este diagnóstico se suele realizar un análisis de sangre y uno de orina. Las causas de la deshidratación se reducen básicamente a dos: una pérdida grande de líquidos y no beber suficiente agua y líquidos.
Hay que intentar saber la razón por la que se pierde mucho líquido. Una de ellas es el exceso de sudoración provocado, por ejemplo, por hacer deporte en exceso bajo un ambiente muy caluroso. Otra causa frecuente es tener fiebre alta, así como tener diarrea y vómitos. Otras razones menos frecuentes son el uso de diuréticos que combaten la retención de líquidos y provocan el efecto contrario.
Por otra parte, no beber la cantidad necesaria de agua puede estar causada por una enfermedad que quite al paciente las ganas de beber. Tener dolor de garganta o náuseas frecuentes pueden también influir en la reducción del consumo de líquidos. El peligro de la deshidratación es más elevado en gente mayor y en personas con diabetes.
Ante la certeza de una deshidratación, el único tratamiento eficaz es la reposición de los líquidos y de los electrolitos perdidos. Evidentemente, dependiendo de la gravedad del caso las pautas de actuación varían. En niños, la forma adecuada de actuar consiste en ir administrando agua de forma gradual y, si es posible, añadir algún producto rehidratante que se puede adquirir en la farmacia. Hay que empezar por una dosis muy pequeña e ir aumentando lentamente la cantidad de líquido. Para los adultos, si el nivel de deshidratación es leve bastará con ir bebiendo agua frecuentemente.
Con información de La Vanguardia









