Una de las indiscutibles realidades de la vida es que es particularmente difícil cocinar el hüevo hervido perfecto. Frecuentemente, los desayunos suelen ser una decepcïón cuando, luego de romper el cascarón y sumir tu pan en lo que esperas que sea una delicia culinaria, encuentras a cambio que la yema está seca y grumosa o, lo que es peor, una clara babosa y desastrosamente aguada.
El problema es que la yema y la clara (la parte albuminosa del hüevo) se cuecen a dos temperaturas diferentes. La yema requiere una temperatura de sólo 65 °C para su cocción, mientras que la clara necesita un poco más de calor, 85 °C. Así que los métodos convencionales para cocinar hüevos representan hacer una concesión entre dos verdades aparentemente incompatibles.
Al hervir un hüevo duro a 100 °C, la clara quedará rápidamente tierna y perfecta. La yema, sin embargo, quedará completamente firme, que está bien si es así como te gusta, pero no es satisfactorio si lo que buscas es una yema suave y cremosa. Otro método de cocinarlo, implica colocar el hüevo en un baño de agua a temperaturas entre 60 y 70 °C durante una hora. Eso resulta en una yema deliciosamente líquida, pero la clara puede quedar viscosa y aguada.
La estrategia, que los autores llaman cocción periódica, implica alternar entre cocinar el hüevo en una olla de agua hirviendo a 100 °C y luego pasarlo a un tazón de agua tibia a 30 °C. Para obtener los mejores resultados, debe ser transferido entre ambas temperaturas cada dos minutos durante un período total de 32 minutos. Esta podría no ser la mejor manera para los cocineros caseros que prefieren entrar y salir de la cocina sin supervisar.
Esas son más razones para ensayar hervir los hüevos con el método de cocción periódica la próxima vez que quieras deleitarte hundiendo tus tostadas en una yema cremosa en el desayuno.
Con información de: BBC News Mundo









