El director Jacques Audiard enfrentó críticas y acusaciones inexactas por su película Emilia Pérez, como la afirmación de que nunca había estado en México. Audiard explicó que visitó el país varias veces con la intención de rodar allí, pero el proyecto tomó otro rumbo porque las imágenes de las calles mexicanas no coincidían con su visión estilizada. Decidió trasladar la producción a París, buscando darle un enfoque más acorde con el ADN de una ópera, destacando que su obra no busca ser un retrato realista.

La película ha sido bien recibida en la temporada de premios, a pesar de las críticas sobre su autenticidad cultural. Críticos como James Mottram valoraron su audacia al combinar elementos como una historia de cárteles, un musical poco convencional y una narrativa trans. Aunque reconoce las quejas de algunos sectores, Mottram destaca la frescura y valentía de la obra, calificándola como una reinterpretación innovadora de temas controversiales.

El debate sobre la autenticidad cultural en Emilia Pérez ha sido un punto central de las críticas. Algunos señalan que la película, al ser producida mayoritariamente fuera de México y con poca participación local, podría percibirse como insensible o una apropiación cultural. Sin embargo, también se reconoce que las intenciones de Audiard no eran despectivas, sino de explorar una narrativa diferente, aunque esto no haya evitado cuestionamientos por parte de comunidades mexicanas y trans.

Héctor Guillén, guionista y crítico, sostiene que el filme refleja una desconexión de la industria occidental con las realidades latinoamericanas. Aunque valora el talento de Audiard, Guillén lamenta que no se haya abierto más a la colaboración con creadores mexicanos. Según él, con mayor sensibilidad cultural, la película podría haberse convertido en una obra audaz y auténtica que abordara estos temas de manera adecuada y respetuosa.

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