Psicólogos y antropólogos debaten si la expresión de las emociones es innata o cultural. Es más, la mayoría los compartimos con nuestros parientes primates.
Un tenista profesional concentrado antes de sacar para ganar el set. Un músico sentado a solas en su estudio, guitarra en mano, intentando encontrar el próximo acorde para su nueva canción. Un pintor inspirado dando brochazos en el lienzo. Un matemático afanándose en descifrar un complejo teorema. Es muy probable que todos ellos estén compartiendo un mismo gesto: «el de sacar la punta de la lengua».
Con ese movimiento del rostro están mandando un mensaje: “estoy plenamente concentrado en mi tarea, no me molestes”. El caso es que tiene sentido dejar la lengua quieta cuando nos enfrascamos en una actividad que requiere toda la atención. Este órgano muscular está todo el tiempo en movimiento, detectando estímulos y mandando mensajes al cerebro. La única forma de eliminar todo el ruido informativo que en ese momento no necesitamos y liberar las neuronas para que se ocupen al cien por cien de las actividades que interesan, es paralizar la lengua.
Neurobiólogos del Instituto Weizmann de Ciencias de Israel, demostraron hace poco que, después de un apretón de manos, solemos llevarnos la derecha a la nariz de forma inconsciente, al menos durante el doble de tiempo que en cualquier otra circunstancia. Como hacen los perros o los roedores, pero con más sutileza.
Cabe destacar, que si en lugar de saludarnos solo de manera verbal nos tendemos la mano, aumenta la predisposición mental a una interacción amigable y a evitar las impresiones negativas y los malentendidos. También explican, que sacudir la cabeza de un lado a otro para decir “no” es un gesto en el que coinciden también varios monos, igual que mover el esqueleto bailoteando cuando ganamos, o colocar una mano abierta con la mano hacia arriba para pedir algo.
Lo mismo sucede al enseñar los dientes. “No significa necesariamente que estemos contentos, o disfrutando. De hecho, se cree que surgió en los primates no humanos como expresión de miedo”, afirma los expertos. En los monos evolucionó ligeramente y empezaron a mostrar los dientes juntos, con el labio superior levantado, como gesto de sumisión en situaciones en las que se sentían amenazados. Un gesto antihostïlidad, de “no te voy a morder ni a atâcar”.
Con información de: Muy Interesante









