El sueño es un pilar fundamental para el bienestar del cuerpo y la mente. A lo largo de la vida, una persona pasa aproximadamente el 30 % del tiempo durmiendo, un período en el que ocurren procesos esenciales para la recuperación del organismo.
Durante el descanso nocturno, el cuerpo realiza una intensa actividad bioquímica que contribuye a la regulación de funciones vitales como la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la respuesta inflamatoria.
Eleazar Bravo, cardiólogo de la Clínica Internacional, explicó que estos procesos son esenciales para el equilibrio del cuerpo.
Por su parte, Frank Villarreal, neurólogo y coordinador de la Unidad de Medicina del Sueño de la Clínica Ricardo Palma, resaltó: “El sueño permite la reparación celular, el mantenimiento de la homeostasis y la preparación para un nuevo día, asegurando que tanto el cuerpo como la mente atraviesen procesos que favorecen el bienestar general”.
El descanso adecuado no solo influye en la sensación de energía durante el día, sino que también desempeña un papel clave en la consolidación de la memoria y el aprendizaje.
Durante la noche, el cerebro transfiere información de corto a largo plazo, facilitando la retención de conocimientos y la resolución de problemas. Además, regula importantes hormonas como la melatonina, que ajusta el ciclo sueño-vigilia, y otras como la grelina y la leptina, que inciden en el apetito y el metabolismo.
Para que el organismo se recupere de la actividad diaria, es indispensable contar con un sueño de calidad y duración adecuada. El neurólogo Carlos Alva-Diaz, investigador titular de la Universidad Científica del Sur, destacó que el ciclo del sueño se divide en dos fases principales:
- Sueño NREM: comienza con un descanso ligero y progresa hasta el sueño profundo, considerado el más reparador.
- Fase REM: se caracteriza por movimientos oculares rápidos y es crucial para el procesamiento cognitivo y emocional.
Cada ciclo de sueño tiene una duración aproximada de dos horas, por lo que para lograr una recuperación óptima es necesario completar al menos cuatro ciclos, lo que equivale a unas ocho horas de descanso.
Sin embargo, la cantidad de sueño varía según la edad:
- Bebés: entre 12 y 16 horas por cada 24 horas, incluidas las siestas.
- Niños de 1 a 3 años: entre 11 y 14 horas por cada 24 horas, incluidas las siestas.
- Niños de 3 a 5 años: entre 10 y 13 horas por cada 24 horas, incluidas las siestas.
- Niños de 6 a 12 años: entre 9 y 12 horas por cada 24 horas.
- Adolescentes de 13 a 18 años: entre 8 y 10 horas por cada 24 horas.
- Adultos: entre 7 y 8 horas por noche o más.
Dormir más durante los fines de semana con el propósito de recuperar el descanso perdido no es una solución ideal, según la doctora Michelle Drerup. Este hábito puede alterar el ritmo circadiano y dificultar el mantenimiento de un horario regular, lo que termina afectando la calidad del sueño a largo plazo.
Si bien descansar más los sábados y domingos puede ofrecer una recuperación temporal, no compensa completamente los efectos negativos de la privación acumulada.
La calidad del descanso tiene un impacto más significativo en la recuperación del organismo que la cantidad. El doctor Carlos Alva-Diaz destacó que, aunque la cantidad recomendada para un adulto es de 7 a 8 horas, si el sueño es interrumpido constantemente por despertares prolongados, necesidad de ir al baño o trastornos del sueño, no se cumplen los ciclos completos de sueño profundo, lo que reduce su efectividad.
Con información de El Tiempo









