Para muchos venezolanos, el reparto de comida a domicilio se ha convertido en una oportunidad para ganarse la vida en su nuevo hogar, ubicado en Estados Unidos.
Traen consigo un sistema de entrega de alimentos que ya han implementado con éxito en otros países, y que ahora están adaptando a las calles de Washington DC.
Inmigrantes venezolanos está transformando el panorama del reparto de comida a domicilio en la capital estadounidense.
Su arduo trabajo y su espíritu emprendedor son un ejemplo para la comunidad, y su presencia enriquece la diversidad cultural de la ciudad.
The Washington Post habló con más de 15 conductores de ciclomotores venezolanos sobre su creciente economía no tan clandestina.
Repartir comida para empresas como DoorDash y Uber se ha convertido en un salvavidas para muchos de los venezolanos de D.C.
“Mientras siguen el proceso de meses de duración de solicitar permisos de trabajo, muchos inmigrantes se han apoyado en la entrega de alimentos para mantenerse a flote económicamente”, señala el diario estadounidense.
Yonatan Colmenarez, inmigrante venezolano de 31 años, se gana la vida como repartidor en ciclomotor desde febrero.
“Estoy trabajando muy duro para contribuir a este país que nos abrió sus puertas”, dijo Colmenarez.
“Al fin y al cabo, es un trabajo que muchos estadounidenses no quieren hacer, pero yo lo hago con gusto porque quiero demostrar que aprecio estar aquí y que la mayoría de nosotros somos buenas personas. Después de todo lo que costó llegar, estar en Estados Unidos es realmente una bendición de Dios”, expresó.
Los conductores comparten consejos, desde cómo navegar por el laberinto de restaurantes populares hasta cómo abrir cuentas bancarias en Internet con una verificación mínima. Muchos compran sus ciclomotores en Facebook Marketplace, en tiendas locales o a un hombre que los vende desde una furgoneta blanca cerca de un Panda Express en Columbia Heights.
Con información de Diario 2001









