El ejercicio físico, una herramienta eficaz y subestimada en la lucha contra el cáncër, puede mejorar la calidad de vida, reducir el riesgo de recaída y potenciar la recuperación. Es hora de cambiar esta realidad.

El sedentarismo es una epidemia silenciosa que afecta a millones de personas en todo el mundo y los pacientes oncológïcos no son una excepción. Las estadísticas son realmente alarmantes: el 25% de las personas adultas no cumple con las recomendaciones de actividad física de la Organización Mundial de la Salud (150 min a la semana).

Sin embargo, estudios recientes han demostrado que decenas de miles de nuevos casos de cáncër podrían evitarse cada año si más personas alcanzaran al menos las recomendaciones mínimas de actividad física.

Equipos formados por personal de oncología y enfermería, educadores físico-deportivos, psicólogos, nutricionistas y fisioterapeutas permiten crear programas personalizados que mejoran significativamente la calidad de vida. Incorporar a estos profesionales dentro del equipo multidisciplinar no solo optimizaría los resultados, sino que reduciría las recaídas.

Con información de: El País

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