en la pubertad cuando el cerebro se especializa.
A los investigadores, no obstante, les ha sorprendido que el nivel siga manteniendo unos niveles tan altos de plasticidad en la edad adulta.
La investigación se ha llevado acabo mediante el análisis, apoyado en inteligencia artificial, de 26 resonancias magnéticas y análisis de sangre a una madre primeriza de 38 años desde tres semanas antes de la concepción (cuatro exploraciones), durante los tres trimestres del embarazo (15 exploraciones), hasta dos años después del parto (7 exploraciones) cuando finalizó el periodo de pruebas.
Los investigadores compararon con los cambios cerebrales observados en esta mujer con los de ocho individuos de control.
Los datos obtenidos serán de libre acceso para que futuros estudios indaguen en si estos cambios en la anatomía del cerebro durante el embarazo influyen de alguna manera en la depresión posparto, una enfermedad que afecta aproximadamente a una de cada cinco mujeres.
«Cuanto más sepamos sobre el cerebro materno, más posibilidades tendremos de evitar este tipo de dolencias aliviarlo, ha señalado Jacobs.
«Este y otros estudios centrados en caracterizar los cambios cerebrales en embarazadas nos pueden ayudar a comprender, predecir, y prevenir patología mental posparto, entre otros fenómenos, ahora toma evaluar este fenómeno en un grupo mayor de sujetos», ha subrayado Susana Carmona, investigadora principal del grupo neuromaternal del Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón en una reacción recogida por Science Media Center España.
Con información de El Aragueño.









