Un caso muy particular está captando la atención de la opinión pública en los Estados Unidos en los últimos días.

Se trata del caso de Luis Asencio Cordero, a quien le negaron en la nación norteamericana la residencia permanente supuestamente «por sus tatuajes«.

La disputa legal fue iniciada por su esposa, la abogada estadounidense de derechos civiles Sandra Muñoz, quien considera que la decisión es injusta y discriminatoria.

Cordero, de 46 años y originario de El Salvador, ha vivido en Estados Unidos desde el año 2005 hasta 2015.

Así empezó todo

La situación comenzó en 2015, cuando Asencio Cordero viajó a El Salvador y, al regresar, asistió a una entrevista en el consulado estadounidense como para su solicitud de residencia legal permanente.

Sin embargo, un oficial consular le negó la visa, basándose en la creencia de que sus tatuajes indicaban que él pertenecía a la pândilla MS-13.

Inicialmente, el gobierno dijo que le negó la visa debido a la preocupación de que Acensio probablemente se involucraría en actividades ilegales si se le permitía regresar a los EEUU.

La administración también argumentó que los funcionarios de inmigración deberían tener amplia discreción al decidir a quién admitir en el país.

Y dijeron que exigir al gobierno que revele detalles específicos sobre la evidencia y la inteligencia utilizada en tales decisiones representaría un riesgo para la seguridad pública.

Su caso ya ha sentado precedente, ayudando a otras familias a reunificarse. Pero falta la decisión de la Corte Suprema: «Un tatuaje en sí mismo no significa que alguien sea un mal policía, una mala persona», explica Muñoz, entre tanto. «No se puede simplificar tanto», concluye.

Con información de Q’Pasa

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