El precio del cobre ha experimentado un aumento significativo, alcanzando un incremento del 15% este año, en el contexto de los problemas comerciales latentes que pone a este metal en el centro de la atención. La volatilidad del mercado y la imposición de aranceles sobre otros metales, como el aluminio y el acero, han generado preocupación entre los inversores y economistas. Estados Unidos, siendo un gran importador de cobre, se encuentra en una posición vulnerable, ya que depende en gran medida de las importaciones de Chile y Canadá para abastecer su industria. Este incremento en el precio del cobre podría traducirse en mayores costos para diversas industrias y un impacto en la inflación.
El déficit de suministro de cobre, que se espera alcance las 200.000 toneladas para 2025, está exacerbando la situación. La industria automotriz, la construcción y otros sectores que dependen del cobre podrían verse afectados por la subida de precios. Los economistas señalan que la demanda de cobre suele estar alineada con el ritmo de la economía global, y su aumento podría ser un indicador de una mayor presión inflacionaria. La construcción, que consume una gran cantidad de cobre, y los sistemas eléctricos, también se verán impactados, lo que podría elevar aún más los costos de producción y, en última instancia, la inflación.
El panorama es complicado, ya que la escasez de oferta y el aumento de la demanda están contribuyendo al alza de los precios. Mientras tanto, países como China están expandiendo su producción minera de cobre para aliviar la presión del mercado. Sin embargo, la incertidumbre persiste, y las políticas comerciales de Estados Unidos y la respuesta de otros países jugarán un papel crucial en la evolución del mercado del cobre. Este escenario plantea desafíos tanto para los gobiernos como para las empresas que dependen de este metal esencial para diversas aplicaciones industriales.
Información de: elEconomista.es









