El Imperial College de Londres, en el Reino Unido, está trabajando en un motor espacial en miniatura que utiliza agua como combustible y que servirá para propulsar los cada vez más numerosos satélites enanos que se lanzan contínuamente al espacio.

La gran mayoría de los satélites que orbitan la Tierra actualmente tienen un tamaño que está entre un portafolios y un teléfono móvil. Estas pequeñas naves espaciales suelen bajar de los 10 kilos de peso y su reducido tamaño hace que sea muy complicado integrar un sistema de propulsión que funcione con poca energía y con combustibles que no estén presurizados ni sean tóxicos.

El diseño de los investigadores del Imperial College soluciona estos problemas y lo hace empleando un combustible barato, ecológico y muy accesible: el agua. El motor lleva el nombre de Iridium Catalysed Electrolysis CubeSat Thruster (ICE-Cube Thruster) y su longitud es aproximadamente la de una uña. Su cámara de combustión y su tobera apenas miden un milímetro y sólo necesita 20 vatios de corriente eléctrica para funcionar.

Cómo funciona

Según cuentan sus creadores, este pequeño motor lleva incorporado un electrolizador que hace circular una corriente de 20 vatios a través del agua para producir hidrógeno y oxígeno. Estos elementos se introducen en la cámara de combustión para su ignición, lo que genera el suficiente empuje para que los nanosatélites puedan maniobrar.

Según las pruebas realizadas por los investigadores —dentro del Programa General de Apoyo Tecnológico de la la Agencia Espacial Europea (ESA) de reducción de riesgos— el motor generó un empuje de 1,25 milinewtons con un impulso específico de 185 segundos de forma sostenida. Un empuje que es 500 millones de veces menor que el de los motores utilizados en el transbordador espacial, pero que es suficiente como para mantener a la nueva generación de minisatélites en órbita.

El diminuto tamaño del ICE-Cube ha obligado a los investigadores a recurrir a los sistemas microelectro-mecánicos (MEMS), una técnica de nanotecnología que se emplea en la fabricación de las obleas de silicio de los procesadores. “Diseñar un propulsor que funcione a esta escala es un reto único y requiere un planteamiento muy diferente al de los típicos motores de cohete a los que la mayoría de la gente está acostumbrada”, dicen los investigadores.

El equipo del Imperial College asegura que este método de fabricación es escalable y permite producir los minipropulsores en grandes cantidades y a un coste unitario excepcionalmente bajo. Algo que será clave para satisfacer la demanda del mercado de los nanosatélites que está previsto que siga creciendo a buen ritmo en los próximos años.

Con información de El Confidencial

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