Elon Musk informó a los empleados de X, anteriormente Twitter, que la empresa enfrenta un estancamiento en el crecimiento de usuarios y que los ingresos son “poco impresionantes”, lo que la mantiene en un punto financiero complicado. Aunque el magnate ha asegurado que la red social podría generar flujo de efectivo positivo en pocos meses, la compañía aún arrastra más de 1.000 millones de dólares anuales en pagos de intereses, una carga significativa derivada de la adquisición de la plataforma.
Según The Wall Street Journal, los bancos que financiaron la compra de X con 13.000 millones de dólares, entre ellos Bank of America, Barclays y Morgan Stanley, planean vender parte de esta deuda. Hasta ahora, las entidades han evitado venderla a pérdida debido a las condiciones del mercado y las disputas legales previas a la adquisición. Se estima que la deuda más prioritaria podría venderse a un precio de entre 90 y 95 centavos por dólar, lo que permitiría aliviar parcialmente la carga financiera de la empresa.
Mientras enfrenta estos desafíos económicos, Musk ha convertido X en un laboratorio para sus ambiciones en inteligencia artificial. Aunque la plataforma sigue buscando estabilidad financiera, el empresario apuesta por la innovación tecnológica como un factor clave para su evolución. Sin embargo, aún está por verse si estos esfuerzos lograrán transformar la red social en un negocio sostenible a largo plazo.









