La localidad española de Buñol ha vuelto a colorear de rojo sus calles más céntricas con 120.000 kilos de tomates de la variedad pera en su mundialmente conocida fiesta de la ‘Tomatina’, que este año ha ofrecido su experiencia más VIP con entradas a 500 euros (556 dólares) para vivirla desde dentro de los camiones que transportan la atípica munición.
Como cada último miércoles de agosto, este festejo, que cumple 77 ediciones, ha superado sus expectativas, con más de 20.000 asistentes, entre participantes de variadas nacionalidades que han comprado su pase a 15 euros (16,68 dólares), y los vecinos, exentos de pago.
La capital mundial del tomate, ubicada al este de España y a unos 40 kilómetros de Valencia, ha iniciado su fiesta al mediodía con la tradicional carcasa que da paso al lento recorrido por apenas 400 metros de calle de los camiones con las toneladas de tomates bien maduros y jugosos, no aptos para el consumo pero perfectos como proyëctiles en esta «batãlla campal».

Con un dispositivo especial de seguridad formado por más de 150 agentes de la Guardia Civil, la participación preventiva, por primera vez, del Consorcio de Bomberos de Valencia y varios voluntarios con petos morados como puntos contra la violencia machista, durante 60 minutos los tomates han volado en esta güerra internacional en la que todos son blanco de los tomatazos.
No han faltado los lentes de bucear como la forma más segura de proteger los ojos del ácido de los tomates, que se deben chafar antes de lanzarlos para no hacer año, ni los disfraces -de pepino, gladiador o cebolla-, las fundas para los móviles, pelos recogidos, gorros, y ropa y calzado que uno esté dispuesto a tirar.
Entre los participantes había gente llegada del resto de la comunidad y de España así como de países tan distantes como China, Estados Unidos, India, Japón, Australia, Canadá, Gran Bretaña y muchos lugares de toda Europa.
Con el olor a tomate todavía en el ambiente y la multitud desvaneciéndose del epicentro de la lucha y yendo hacia las duchas, se han iniciado las labores de limpieza de fachadas y calles que, en poco tiempo, han quedado impolutas y desinfectadas por el ácido del fruto rojo usado como artillería en esta original batalla, que ya espera con ganas su edición de 2025.
Con información de Globovisión









