Pero, ¿qué hay detrás de esta curiosa tendencia de algunas personas a llegar tarde una y otra vez? ¿Es simple desorganización, o hay algo más profundo que impulsa esta aparente batalla perdida contra el reloj?
El cerebro y la percepción del tiempo
Según expertos, la tendencia a llegar tarde puede estar relacionada con la manera en que nuestro cerebro percibe y maneja el tiempo.Hugo Spiers, profesor de neurociencia cognitiva en el University College de Londres, explica que existe un mecanismo en el cerebro que puede hacer que algunas personas subestimen cuánto tiempo les tomará llegar a un lugar. Este fenómeno podría estar vinculado al hipocampo, una región cerebral que juega un papel crucial en la memoria y la percepción temporal.
Investigaciones han identificado neuronas en el hipocampo que actúan como «células del tiempo», ayudándonos a recordar cuándo hacer algo y cuánto tiempo nos lleva. Sin embargo, la razón exacta por la cual algunas personas siempre subestiman el tiempo es aún desconocida.
Familiaridad, percepción del espacio y errores en la gestión del tiempo
Curiosamente, la familiaridad con un espacio puede influir en nuestras estimaciones de tiempo. En un estudio, Spiers pidió a estudiantes recién llegados a Londres que dibujaran un mapa de su entorno y calcularan el tiempo de viaje a varios destinos. Los resultados mostraron que, cuanto más familiarizados estaban con un área, más tendían a subestimar el tiempo necesario para desplazarse. Es como si, al conocer bien un lugar, comenzáramos a restar importancia a los obstáculos que podrían retrasarnos.
Otra razón por la que algunos siempre llegan tarde es que no calculan bien el tiempo necesario para tareas no relacionadas con el viaje en sí, como prepararse por la mañana. Según investigaciones, nuestras estimaciones de tiempo a menudo se basan en recuerdos inexactos de cuánto tiempo nos han tomado estas tareas en el pasado.
El impacto del entorno y la personalidad
El entorno también puede afectar nuestra percepción del tiempo. Un estudio reciente reveló que los viajes en transporte público abarrotado parecen durar más que aquellos en espacios menos congestionados. Este efecto se debe a que las experiencias desagradables tienden a distorsionar nuestra percepción del tiempo, haciéndonos sentir que el trayecto es más largo.
Además, ciertos rasgos de la personalidad, como una menor conciencia, pueden hacer que las personas olviden o pasen por alto tareas que habían planeado previamente. Los multitareas, aquellos que intentan hacer varias cosas a la vez, también son más propensos a llegar tarde, ya que dividen su atención y recursos entre múltiples actividades.
Con información de: Onda Cero









