Para la psicopedagoga, las discusiones entre hermanos ofrecen oportunidades para que los niños practiquen y desarrollen habilidades de resolución. Así, aprenden a expresar opiniones, escuchar a los demás y contrastar soluciones que satisfagan a ambas partes, entre muchos otros beneficios.

No obstante, De Vita destaca que hay situaciones en las que los padres deben estar atentos a algunas señales que podrían indicar que el conflicto entre hermanos requiere atención:

  • Violenciä física, como golpës, patadas o cualquier forma violentâ.
  • La intimidación constante ya sea verbal o emocional. Esto puede tener efectos duraderos en la autoestima o el bienestar emocional.
  • Atender a las diferencias significativas y particulares de cada uno de los hermanos que pueden teñir la modalidad de actuar de cada sujeto (capacidades cognitivas, madurez emocional, edad cronológica, etc.)
  • La exclusión constante, o la marginación, es indicativo de problemas de relación.
  • Dificultades constantes para resolver conflictos de manera constructiva.

La importancia de este vínculo de sangre es tal que Moché destaca: “los hermanos son la escuela primordial para aprender a construir otros vínculos significativos a lo largo de la vida, ya sea en el ámbito del matrimonio, la amistad o el trabajo”.

Al estudiar las observaciones de los niños que participaron en el proyecto, los profesionales notaron que cuando se los colocaba en un entorno de juego imaginario, los pequeños acostumbrados a pelear con sus hermanos, discutían sus pensamientos y sentimientos en profundidad, a diferencia de quienes no lo hacían.

 Cuanto más combativos son los hermanos, y más discuten y el niño mayor menosprecia al más pequeño, más aprenden lecciones complejas sobre la comunicación y las sutilezas del lenguaje”, apuntó la Dra. Hughes.También conocido como “andamio emocional” en el ámbito de la psicología, dicha herramienta les permite a los niños construir una historia para desarrollar ideas y conciencia de su propio estado mental.

En otra ocasión mencionada en el análisis, un hermano menor que había mostrado una tasa más baja de desarrollo mental en su vida anterior a menudo había mejorado socialmente a la edad de seis años, como resultado de tener un hermano mayor.“No quiero ser quien dice que es bueno que sus hijos se odien entre sí, pero los padres pueden encontrar algún tipo de consuelo, cuando sus hijos pelean, al descubrir que están aprendiendo valiosas habilidades sociales e inteligencia que se llevará fuera del hogar y se aplicará a otros niños”, declaró Hughes.

Moché añade que el intercambio entre los hijos menores siempre debe ser regulado por los padres. Asimismo explica que, a nivel general, “Cuando los hermanos continúan experimentando los mismos conflictos a medida que crecen,s papás deben hacer un “mea culpa” y cuestionarse si han cometido errores, han sido injustos o no han prestado suficiente atención para regular esos intercambios”.

Con información de: La Nación

¿Qué opinas de esto?