Francia ha dado un primer paso para prohibir los cigarrillos electrónicos desechables. Los diputados han aprobado por unanimidad vetar la venta y fabricación de estos aparatos altamente adictivos y que presentan un riesgo tanto para la salud como para el medioambiente. El proyecto de ley, votado el lunes por la noche, aún deberá pasar por el Senado y obtener el visto bueno de la Comisión Europea. El objetivo es que entre en vigor como máximo en septiembre de 2024.

El uso de los cigarrillos electrónicos ha aumentado drásticamente en los últimos años, sobre todo entre la población más joven. El Observatorio Francés de Drogas y Tendencias Adictivas subraya en su último informe que entre 2017 y 2022 su uso diario se ha triplicado en los adolescentes de 17 años.

El estudio no contiene datos sobre los aparatos desechables, pero el ministro francés de Sanidad, Aurélien Rousseau, denunció recientemente que abría la vía a una fuerte dependencia hacia el tabaco y que la mercadotecnia que los rodea apuntaba especialmente a los más jóvenes.

A finales de noviembre, el ministro presentó un nuevo plan de lucha contra el tabaquismo, que incluye ampliar los espacios en los que no se puede fumar y aplicar fuertes subidas al precio de los cigarros. La prohibición de los dispositivos desechables, que considera una “aberración para la salud y el medioambiente”, se enmarca en ese plan. Los niveles de nicotina de los aparatos desechables varían entre los 0 y 20 mg/ml.

La diputada ecologista Francesca Pasquini, que impulsó el proyecto de ley junto a Michel Lauzzana, del macronista Renacimiento, ha denunciado el lunes el precio “irrisorio” de este tipo de cigarrillos (de 5 a 15 euros por unas 500 caladas) y la atracción que suponen sus aromas “afrutados y dulces”. Además, la “discreción del dispositivo hace que pasen desapercibidos para los padres”, ha dicho.

En un informe publicado este año, la Academia Nacional de Medicina advirtió que los dispositivos constituían una verdadera “trampa” para los niños y adolescentes. Su éxito se puede explicar por la “fuerte promoción” que se ha hecho en redes sociales, “sobre todo a través de influencers e incluso páginas webs (dedicadas a su venta) que ahora están prohibidas”.

El proyecto de ley ha sido acogido favorablemente por todos los grupos políticos y ha sido aprobado por los 104 diputados presentes. La primera ministra, Élisabeth Borne, ya había reclamado su prohibición en septiembre. En Francia, estos aparatos se conocen como puffs.

Con información de El País

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