“Tanto me ama Dios que me permite estar un poquito más cerca de él cada vez que hago un vuelo”, dice convencida de la bondad divina, Harlengy Daniela Blanco García, quien es la primera mujer piloto de helicóptero del Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana, y la más joven en los cuerpos policiales de Venezuela.

Mirandina, nacida en Guarenas el 19 de julio de 1999, desea ser agente de cambio social, por lo que se mantiene en un proceso de capacitación constante. A sus 24 años de edad, ha conquistado buena parte de sus metas, siendo una piloto de helicóptero con más de 400 horas de vuelo.

Fiel creyente en la misericordia divina y amante del calor familiar, concibe la disciplina como la motivación necesaria para cumplir con sus labores personales y profesionales.

Para Harlengy, cuando hace su trabajo y puede estar cerca de las nubes, considera que logra una conexión espiritual especial. Siendo la primera mujer piloto en la policía del estado Miranda, cree que es posible sentar precedentes en la igualdad de género palpable, y con su participación en labores que solían ser exclusivas del genero masculino, lo que contribuye a motivar a otras personas y propiciar esos cambios que busca en la sociedad.

Inició su formación policial a los 19 años. Se encontraba cursando el primer semestre de Ingeniería Civil y por una iniciativa de un familiar se insertó como aspirante de Polimiranda.

Desde entonces ha sido una alumna sobresaliente, razón por la que fue promovida por el gobernador de Miranda, Héctor Rodríguez, para formar parte de una capacitación especial que inició en 2021. Mientras se sufrían los embates de la pandemia por covid-19, recibía clases en la Escuela de Aviación del Ejército, Juan Gómez, en el estado Yaracuy.

En ese tiempo de estudios encontró otro sentido en su andar religioso. “Soy cristiana desde los 17 años, creo que todos los que estamos en la fe, tenemos un despertar espiritual, y a mi me ocurrió cuando hacía el curso de piloto”, indicó.

Asegura que era de las personas que se quejaba mucho, pero todo cambió cuando duró un año y ocho meses en San Felipe (Yaracuy), durante la pandemia y no podía viajar hasta Caracas. “Era fuerte tener que estar allá sin apoyo familiar, estar sola, llegué a pensar que me hacían perder el tiempo, pero Dios estaba allí y me decía quédate quieta que si puedes, yo oraba mucho y siento que Dios me escucha porque se ha manifestado en mi vida de muchas maneras”, afirma.

“Quiero conocer Venezuela, por el aire he conocido ocho estados en las costas y los llanos, y por viaje terrestre, aunque he visitado buena parte del territorio, amo a Mérida, pero como Miranda no hay dos”, recalca.

Con información de Últimas Noticias

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