Bill Gates, al frente de una de las mayores empresas tecnológicas del mundo, tuvo que aprender técnicas de productividad para equilibrar su vida laboral y personal. A lo largo de su carrera, ha adquirido hábitos que le han permitido vivir una vida más feliz, muchas veces aprendiendo de sus errores o siguiendo consejos de sus amigos. Aunque en el pasado no siempre los aplicó, con el tiempo ha comprendido su valor y los comparte como claves para el éxito.
Uno de sus principios fundamentales es que las preguntas son más importantes que las respuestas. Durante la crisis del COVID-19 en 2020, Gates destacó que, para resolver problemas, primero hay que plantearse las cuestiones adecuadas. En su método, siempre empieza preguntando quién ha resuelto un problema similar antes y qué se puede aprender de esa experiencia. Así, enfatiza la importancia de aprender de otros en lugar de tratar de reinventar soluciones desde cero.
Otra de sus enseñanzas es la gestión del tiempo. Durante sus primeros años en Microsoft, Gates trabajaba sin descanso hasta que su amigo Warren Buffett le enseñó que las personas realmente exitosas aprenden a decir «no» a la mayoría de las cosas. Gates comprendió que llenar la agenda de tareas no significa ser más productivo; a veces, dedicar tiempo a pensar y planificar es más importante que estar ocupado constantemente.
Por último, Gates destaca la importancia de la paciencia y la confianza en los demás. En sus inicios, solía controlar excesivamente a sus empleados, pero con el tiempo entendió que priorizar los resultados por encima del micromanagement mejoraba tanto su vida personal como la relación con su equipo. Aprendió que confiar en las personas aumenta su motivación y compromiso, lo que a la larga beneficia tanto a la empresa como a su propio bienestar.









