El asteroide Bennu, un cuerpo celeste de aproximadamente 500 metros de diámetro, podría representar un riesgo para la Tierra en el año 2182, aunque la probabilidad de impacto es baja, con solo un 0,037% según National Geographic. Descubierto en 1999, Bennu se aproxima a la Tierra cada seis años y viaja a una velocidad de 101.389 kilómetros por hora. Este asteroide se ha convertido en un objeto de interés científico debido a las posibles consecuencias de un impacto.

Investigadores de la Universidad Nacional de Pusan, en Corea del Sur, han utilizado un superordenador para simular el impacto de Bennu en la Tierra. Los resultados muestran que el choque liberaría entre 100 y 400 millones de toneladas de polvo a la atmósfera, provocando una caída de temperatura global de 4 grados y una reducción del 15% en las lluvias, lo que afectaría tanto a los ecosistemas terrestres como marinos. La destrucción del 32% de la capa de ozono también impactaría negativamente en las plantas, reduciendo la fotosíntesis en un 30%. Sin embargo, las algas marinas, especialmente las diatomeas, podrían prosperar debido al hierro presente en el polvo del asteroide.

A pesar de la baja probabilidad de impacto, la NASA y otras agencias espaciales han desarrollado estrategias para mitigar posibles amenazas de asteroides. En 2022, la misión DART (Double Asteroid Redirection Test) demostró que es posible modificar la trayectoria de un asteroide mediante el impacto de una nave espacial. Este avance representa un paso importante hacia la creación de sistemas de defensa planetaria, subrayando la importancia de la detección temprana de objetos cercanos a la Tierra para prevenir eventos catastróficos.

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