La presencia de estrías blancas en la carne de pollo no compromete su inocuidad, pero es un problema cada vez más frecuente y se relaciona con el sistema de producción, pero sobre todo, con las razas de crecimiento rápido.
Si vamos a comprar carne de pollo, es posible que nos encontremos pechugas con estrías blancas. Se trata de algo relativamente frecuente. Tanto, que quizá no le hayamos dado importancia y nos parezca de lo más normal. Pero en realidad es un problema que afecta a la calidad de la carne y que preocupa a los productores porque puede suponer notables pérdidas económicas.
Así que lo primero que conviene aclarar es que consumir esa carne no supone un riesgo para la salud. Cabe destacar, que tampoco se trata de un problema asociado exclusivamente a una marca o a una cadena de supermercados, como en un principio sugiere el informe publicado por OBA, sino que se relaciona con el sistema de producción y más concretamente con algunas de las razas de crecimiento rápido que se utilizan.
Aunque lo más relevante es la diferencia en la textura. La carne con estrías blancas contiene más colágeno y una menor capacidad de retención de agua, así que pierde más jugos durante el cocinado, de modo que resulta menos jugosa, menos tierna y más dura.
Con información de: El País









