Hubo un jugador que se rebeló contra el destino: todo estaba escrito para que la Argentina de Messi levantase la Copa del Mundo en Lusail, y ni siquiera Kylian Mbappé pudo cambiar ese destino.
Lo intentó el ’10’ de Francia, autor de un hat trick histórico que le convierte en el jugador con más goles marcados en finales mundiales, pero no pudo contrarrestar el huracán emocional de los argentinos.
Mbappé acabó resignado a ceder el trono del fútbol mundial. Campeón en 2018, cuando ni siquiera había cumplido los 20 años, no logró repetir título en Qatar pese a su gran actuación en la final.
Para el recuerdo quedará el doblete más rápido en una final mundialista, dos goles en un minuto y medio, entre el 80 y el 81. Y su gol de penalti en la prórroga, que le iguala con el inglés Hurst, único jugador que había logrado marcar tres goles en una final, la de 1966.
A Mbappé le costó entrar en el partido, como a todo su equipo. Pero cuando lo hizo, lo hizo con todas las consecuencias. Solo él logró frenar el torrente de emoción argentina en el que se había convertido la final. Su hat trick le impulsa directamente al olimpo de los mejores jugadores de la historia del torneo, aunque no le alcanzó para ganar su segundo título. Cayó con honores Francia, que apuró hasta la tanda de penaltis su resistencia.
Mbappé, que llegaba a la final con cinco goles, acabó el torneo con ocho: Ganó la Bota de Oro por delante de otro gigante, Messi. En el duelo entre ambos, Leo se llevó el premio gordo.
A Mbappé le queda la consolación de acabar el torneo como máximo goleador. Y con la etiqueta de ser el jugador con más goles en finales: uno en 2018, tres en 2022. Sus minutos en Lusail quedarán en la retina de los aficionados.









