Claudia Sheinbaum ha lanzado el Plan México, una estrategia económica que busca posicionar al país como la décima economía más grande del mundo y fortalecer su autosuficiencia y competitividad. Entre los objetivos destacados están aumentar la inversión al 25% del PIB, crear 1.5 millones de empleos especializados, fabricar localmente el 50% del consumo nacional y colocar a México entre los cinco destinos turísticos más visitados del mundo. Este ambicioso plan llega en un contexto de incertidumbre global, especialmente por los desafíos políticos y económicos que plantea la nueva administración de Donald Trump en EE.UU.
El plan incluye medidas específicas como reducir los trámites para nuevos negocios, impulsar la producción nacional en sectores clave, fomentar el uso de energías limpias y fortalecer la fabricación de vacunas con tecnología avanzada. Además, busca aumentar el financiamiento para pequeñas y medianas empresas y garantizar que el gobierno adquiera el 50% de sus productos de empresas locales. Aunque el plan ha sido celebrado por su claridad y audacia, algunos expertos destacan la necesidad de incluir más participación de sindicatos y obreros en su diseño e implementación.
Analistas como Mario Campa lo califican como la política industrial más ambiciosa de las últimas décadas, mientras que otros señalan áreas pendientes como la precisión de algunos mecanismos para alcanzar las metas planteadas. A pesar de las críticas, el plan genera expectativas positivas a mediano y largo plazo, destacando como una hoja de ruta para enfrentar las complejidades económicas y políticas que vive México.
Con acciones estratégicas y plazos definidos, el Plan México no solo pretende fortalecer la economía, sino también reducir la desigualdad y la pobreza. Este enfoque integral busca aprovechar las capacidades del país y crear un entorno más competitivo y próspero para todos los mexicanos, consolidando su posición en el escenario global.

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