Es algo de lo más habitual. Comprar un imán como recuerdo de cada viaje que hacemos o recibirlo como regalo por parte de amigos y familiares que hacen lo propio cuando están de vacaciones. Aunque los hay de todo tipo: religiosos, cinematográficos, futboleros, de frases con ingenio o con nuestras propias fotografías. Sea como fuere, acaban en la nevera.

Poco a poco la puerta del frigorífico se va llenando de estos coloridos recuerdos, convirtiéndola en un pequeño museo. Y no son pocas las voces que han asegurado durante años que el exceso de imanes puede ser negativo o perjudicial tanto para el funcionamiento del electrodoméstico como para las propiedades y el sabor de los alimentos que guardamos en el interior.

No son pocos los que afirman que los imanes hacen que la nevera funcione peor y consuma más electricidad debido al aumento de la fuerza electromagnética del campo eléctrico del aparato, lo que provoca que tenga que trabajar más para lograr su finalidad: enfriar. Un rumor que se ha extendido como la pólvora por Internet desde hace tiempo.

«Es mentira»

Sin embargo, la compañía eléctrica Endesa ha desmentido rotundamente este falso mito, ya que, según ellos, no tiene ningún fundamento científico. “Los campos magnéticos de estos imanes son tan insignificantes que ni siquiera atraviesan la puerta de la nevera”, aseguran desde la compañía que dirige José Damián Bogas Gálvez.

Con información de El Confidencial

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