Después de 48 partidos en Australia y Nueva Zelanda, 1,222 millones de espectadoresacudieron a las gradas, con una afluencia media superior a las 25.000 personas por estadio.
Estas cifras representan un aumento del 29% respecto al Mundial de Francia a estas alturas de la competición. El torneo de 2019 reunió en su totalidad a 1,1 millones de espectadores en los estadios, sin embargo participaron menos equipos (24 frente a 32) y por lo tanto hubo menos partidos (52 frente a 64).
Las entradas se agotaron para varios encuentros, como el primer partido de Australia contra Irlanda, en Sídney, ante 75.000 personas. Otros partidos, sobre todo en Nueva Zelanda, atrajeron a menos aficionados.
A estas alturas se vendieron más de 1,715 millones de entradas para la competición, muchas más que el objetivo inicial de la FIFA, fijado en 1,3 millones.
La organización también se mostró satisfecha con algunas cifras de audiencia, subrayando por ejemplo que el encuentro entre las estadounidenses y las neerlandesas fue el partido de la fase de grupos más seguido en la historia de Estados Unidos.
Con información de Globovisión









