Cada vez que nos frotamos los ojos de forma compulsiva, ejercemos cierta presión que conduce al debilitamiento de este escudo orgánico y se dan roturas que provocan una disminución progresiva de este tejido corneal, que termina deformándose.
«El frotamiento ocular empeora el ciclo inflamatorio en la superficie y es relevante si hay una predisposición patológica en la estructura de colágeno de la córnea», según Miguel Naveiras, especialista del departamento de Oftalmología de la Universidad de Navarra.
Un picor de ojos puede ser una señal de una enfermedad incipiente, como el queratocono. Entre los signos de alerta de esta enfermedad inflamatoria y progresiva de la córnea, se encuentran la pérdida paulatina de la vista, la visión borrosa, la distorsión de imágenes, la irritación, el dolor ocular y un aumento de la sensibilidad a la luz brillante y al resplandor».
Estudios recientes apuntan al frotamiento ocular con el queratocono. Sin embargo, los autores de uno de ellos, de la Universidad de Melbourne, explican que «las pruebas actuales se limitan a un pequeño número de estudios de casos y controles que se presentan como heterogéneos». Por ello, aseguran que se precisan más estudios para abordar esta relación del frotamiento ocular y su inducción, progresión continua y gravedad del queratocono.
El queratocono en un 25% de los casos se hereda y, como aclara este especialista en córnea y cristalino, «suele aparecer en la infancia o adolescencia y se detecta por la necesidad frecuente de cambio de la graduación de las lentes y el frotamiento ocular compulsivo». Naveiras subraya que esta acción continuada debilita mucho esa estructura y «es el factor de progresión a queratocono más importante».
Además del ajuste de graduación de gafa, los expertos prescriben métodos para evitar llevarse las manos a los ojos: gotas de antihistamínicos y lágrimas artificiales que disminuyan el estímulo. Los expertos insisten en que los padres juegan un papel decisivo en niños pequeños para instruirles de que es imprescindible evitar frotarse los ojos.
Con información de El Mundo









