Los agricultores bloquearon nuevamente largos tramos de las principales autopistas de Francia el viernes, utilizando sus tractores para frenar el tráfico y presionar al gobierno para que ceda a sus reclamos de facilitar y volver más rentable la producción de alimentos.

Su movilización por mayores ingresos, menos burocracia y menores costos, así como protección contra las importaciones baratas, se está convirtiendo en una crisis para el gobierno, Recuerda las manifestaciones de los chalecos amarillos en 2018-2019 contra la injusticia económica que remecieron el primer período de la presidencia de Emmanuel Macron y golpearon su popularidad.

Esta vez, la garra del flamante primer ministro de Macron, Gabriel Attal, con apenas dos semanas en funciones, enfrenta una dura prueba, cuando él espera frenar en seco las protestas con medidas que prevé anunciar en las próximas horas durante una visita a un criadero de ganado vacuno.

El ministro de Agricultura, Marc Fesneau, dijo que Attal dará a conocer “una gama de respuestas” para tratar de desactivar lo que calificó de “crisis grave”.

Frente al gobierno se alza la movilización bien organizada y hábil con los medios de comunicación de los campesinos resueltos. Con sus tractores y a veces con barreras erigidas con fardos de heno han estado bloqueando y frenando el tráfico en las vías principales. Además, han echado olorosos desechos agrarios en las puertas de las oficinas del gobierno.

En términos más generales, los disturbios en Francia también son sintomáticos del descontento en los centros agrícolas de toda la Unión Europea. El influyente y fuertemente subsidiado sector se está convirtiendo en un tema polémico antes de las elecciones al Parlamento Europeo en junio. Los partidos populistas y de ultraderecha esperan sacar provecho del descontento rural contra los acuerdos de libre comercio, los costos onerosos que han empeorado por la guerra de Rusia en Ucrania y otras quejas.

Con información de Unión Tribune

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