Uno de los mayores enigmas de la humanidad podría haberse resuelto hace cinco décadas, pero la NASA podría haber destruido todas las pruebas de ello. Esta es la teoría propuesta por el astrobiólogo Dirk Schulze-Makuch, profesor del Centro de Astronomía y Astrofísica de la Universidad Técnica de Berlín, quien sugiere que podríamos haber descubierto vida en Marte hace aproximadamente medio siglo, pero la aniquilamos accidentalmente.

Mucho antes de que el róver Curiosity iniciara su exploración en Marte, las sondas Viking 1 y 2 de la NASA, además de proporcionar las primeras imágenes de la superficie marciana, ya habían examinado el suelo marciano en busca de microorganismos a finales de los años setenta y principios de los ochenta.

Según Schulze-Makuch en un artículo para Big Think, aquellos primeros resultados obtenidos por las sondas Viking «fueron confusos en su momento y lo siguen siendo hoy». Esto se basa en el hecho de que ciertos experimentos realizados en aquella misión mostraron indicios positivos de microorganismos. Sin embargo, aunque estas conclusiones fueron desconcertantes en su momento, la mayoría de los científicos concluyeron que los resultados positivos eran erróneos, ya que ninguno de los módulos de aterrizaje encontró una cantidad sustancial de materia orgánica en el suelo marciano.

A pesar de ello, persisten quienes, como Schulze-Makuch, han retomado la intrigante teoría de que los resultados originales pueden haber sido realmente positivos, y que posiblemente se encontraron microbios, pero que el análisis del suelo en los módulos de aterrizaje puede haber destruido accidentalmente dicha vida.

Los módulos de aterrizaje Viking de la NASA llevaron a cabo cuatro experimentos esenciales. Uno de ellos, el experimento de liberación etiquetada (diseñado para detectar signos de metabolismo, es decir, reacciones químicas en los organismos que sustentan la vida), así como los experimentos de liberación pirolítica (que buscaban síntesis orgánica), arrojaron resultados inicialmente positivos en términos de vida. Pero, por otro lado, el experimento de intercambio de gases no tuvo la misma suerte.

La idea fundamental de este experimento residía en que, si había microorganismos en el suelo, al suministrarles agua con nutrientes y carbono radiactivo y luego incubarlos durante un tiempo, se produciría un aumento en la emisión de gas radiactivo. En otras palabras, esta hipótesis estaba fundamentada en que, si había vida presente, los microbios utilizarían los nutrientes y liberarían el carbono radiactivo en forma de gas.

Sin embargo, al agregar una segunda y tercera inyección de la mezcla, no se generó más gas. Eventualmente, se atribuyó el resultado inicial positivo al perclorato, un compuesto empleado en fuegos artificiales y combustible para cohetes, que podría haber interactuado con los nutrientes. 

En aquel entonces, el científico a cargo del proyecto Viking, Gerald Soffen, afirmó: «Sin cuerpos, no hay vida», resaltando la necesidad de compuestos orgánicos para la existencia de vida extraterrestre. Como resultado, la misión Viking concluyó que no se había encontrado vida marciana o, en el mejor de los casos, que la misión no fue concluyente.

Con información de DW.

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