Una muestra de amor y confianza para algunos, una situación incómoda para otros. Este gesto es uno de los tipos de comunicación no verbal más poderosa y que más nos pueden ayudar en nuestro bienestar. Cuando abrazamos nuestro cuerpo libera oxitocina, la hormona de la felicidad, lo que nos traslada a un estado de calma.
Sin embargo, no todos los ven de esta manera y hay quienes sienten que su espacio vital está siendo invadido y pueden experimentar incomodidad, molestia o aversión cuando alguien les ofrece un abrazo. En un primer momento, estas personas pueden parecer frías y distantes.
Una de las primeras causas está estrechamente relacionada con la infancia. Si a la persona que no le gustan los abrazos creció en un ambiente con poco o sin contacto físico, puede darse que un abrazo no sea interpretado como algo positivo. La percepción del espacio personal es otro de los más importantes. Hay quienes tiene los límites más rígidos y consideran que el contacto físico es invasivo. Muy a menudo se asocia con personas más introvertidas o que necesitan vínculos muy fuertes para propiciar las interacciones sociales.
El último de los motivos sería una experiencia traumática. Son las personas víctïmas de abüsos que han vivido situaciones en las que el contacto estaba asociado con dölor o mïedo. La mente tiende a evitar estas situaciones como un acto reflejo.
No todos expresan lo que siente de la misma manera y entender por qué alguien puede rechazarte un abrazo será útil a la hora de aprender a respetar sus límites.
Con información de: El Economista









