El trastörno por aträcón (TPA) es de los trastörnos de la conducta alimentaria (TCA) peor tratados. No es hasta el 2013 que se reconoce y se recoge en el DSM-V (Manual Estadístico de Enfërmedades Mentales), aunque ya en 1959 se había descrito, pero dentro del marco de la obesidad y no como un TCA en sí mismo.

Es el trastörno alimenticio más común en la población adulta y de mayor prevalencia en mujeres. Ser mujer es un factor de riesgo para desarrollar un trastörno de la conducta alimentaria. Y que la presión estética, la cultura de dieta, hace que sean más proclives a sufrir un TCA.

El TPA se caracteriza por episodios de atracones, en los que se consume una gran cantidad de comida, en un tiempo corto, con la sensación de falta de control y de voluntad, hasta sentirse incómodamente lleno. Durante estos episodios no se come por hambre, pero se consumen una gran cantidad de alimentos altos en calorías. No es casual que se elijan esos alimentos, los que la persona se prohíbe, porque cree que no debe comerlos.

Las prohibiciones no se autoimponen, las dietas han hecho que la comida tenga carga moral y se divida en alimentos buenos y malos, y esto impacta en cómo nos sentimos, según elijamos unos u otros.

A diferencia de otro trastörno de la conducta alimentaria muy similar en las ingestas como es la bulimiä nerviosa (BN), no hay purgas de ningún tipo, aunque si tendencia a la restricción, con la idea de compensar las ingestas de los atracones, como saltarse comidas, evitar alimentos o intentar hacer más ejercicio.

Los episodios de aträcón se diferencian entre objetivos y subjetivos. Los últimos son aquellos en los que la cantidad de comida no es tan grande, pero la persona lo percibe así, por su falta de control. Por ejemplo: comerse una bolsa de patatas no es un atracón, pero si se come de una forma más impulsiva, se puede percibir como tal. No es tanto la cantidad de comida, sino la manera de comerla.

Los aträcones no son el problema, sino el síntoma que expresa que algo no va bien, y aunque son muy dolorosos, hay que verlos en la medida que se pueda como una manera que tiene el cuerpo de pedir auxilio. 

Con información de El País

¿Qué opinas de esto?