En 2024, América Latina y el Caribe alcanzaron un avance significativo en la lucha contra la escasez, logrando reducir su incidencia por segundo año consecutivo y beneficiando a 20 millones de personas más que en 2022. Sin embargo, aún persiste este problema, ya que 41 millones de personas padecen de problemas económicos para mantener una dieta saludable, agravadas por el alto costo de alimentos y la desigualdad social.
Los efectos de los eventos climáticos extremos, como sequías e inundaciones, complican la producción y distribución de alimentos, elevando los precios y afectando especialmente a las comunidades más vulnerables. Ante esta realidad, fortalecer la resiliencia climática de los sistemas alimentarios, con un enfoque especial en los pequeños agricultores que aportan un tercio de la producción mundial, se convierte en una prioridad para garantizar una seguridad alimentaria sostenible.
Para enfrentar estos retos, iniciativas lideradas por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) promueven prácticas agrícolas sostenibles, incrementan la productividad rural y conectan a los agricultores con mercados. Estas estrategias requieren mayor inversión en comunidades rurales y en mujeres, junto con soluciones financieras innovadoras y alianzas entre gobiernos, sector privado y organismos internacionales. Solo mediante un esfuerzo conjunto será posible alcanzar la meta de erradicar el desabastecimiento mundial para 2025.









