Todos mentimos en algún momento de nuestras vidas, unos con más frecuencia que otros y esto muchas veces termina convirtiendose en un mal hábito y hasta una enfermedad.
«Las mentiras tienen patas cortas», ¿pero qué pasa si la persona que miente termina creyendo su mentira? La psicóloga Renny Yagosesky explica que en esos casos se considera que la persona es mitomana, por lo que siente el constante impulso de mentir aunque la situación no lo amerite.
Yagosesky advierte que una persona que miente siente culpa pero la persona con trastorno psicológico puede llegar a disfrutar ver qué se salió con la suya, aunque ambos buscan encubrir algo para no ser juzgado de cierta forma, quien no sienta culpa seguirá mintiendo para siempre.
Con información de: Somos tú voz









