Según la psicología, las tonalidades preferidas no son simples elecciones estéticas: dicen mucho más de lo que creemos. En especial, cuando se trata de aquellos que no son del todo sinceros con los demás o consigo mismos.

La hipôcresía, además de ser un comportamiento socialmente cuestionable, es también una herramienta que muchas personas emplean para encajar, evitar conflictos o simplemente manipular su entorno. Aunque no se considera un trastorno psicológico, muchos especialistas coinciden en que esta conducta está profundamente arraigada en las dinámicas sociales actuales.

Entre los colores que más se asocian con actitudes hipócrïtâs, destaca el amarillo. Este color, aunque suele simbolizar alegría, creatividad y energía, también encierra significados mucho menos halagadores. De acuerdo con el académico José Ángel Saavedra, su naturaleza ambigua lo convierte en un símbolo de falsëdad, envïdia y superficialidad. Es precisamente esta dualidad lo que lo vuelve tan representativo de quienes muestran una cara mientras ocultan otra.

Otro color que aparece con frecuencia en este tipo de perfiles es el verde. Óscar Castillero Mimenza, psicólogo clínico, señala que este tono suele vincularse con esperanza y armonía, pero también con otros sentimientos más oscuros como la envidia. En su versión más oscura, el verde incluso adquiere tintes manipuladores y sombríos, en especial cuando se combina con el negro.

La relación entre los colores y las emociones no es nueva, pero sigue revelando aspectos fascinantes sobre la naturaleza humana. Expresiones populares como “verde de envidia” o “mentira amarilla” no surgieron por casualidad. Tienen su raíz en cómo nuestro cerebro procesa los estímulos cromáticos y los asocia a estados emocionales particulares.

Con información de: El Tiempo

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