En los meses más calientes de 2024, un año en el que México y el mundo alcanzaron temperaturas récord, las personas empezaron a sentir una fatiga y una angustia que les impedía trabajar por el día.

Diversos estudios han confirmado que la exposición prolongada al calor afecta a la salud física y mental, aumenta el riesgo de agotamientö, insoläción, trastornös del estado de ánimo, ansiedäd e incluso provoca pensamientos süicidas.

Aunque todavía no se reconoce formalmente como una afección médica, este concepto, popularizado por la Asociación Americana de Psicología (APA) en 2017 en su informe Salud mental y nuestro clima cambiante, se refiere a la angüstia y el malêstar emocional que una persona experimenta debido a la preocupáción por el estado del medioambiente y los desastrrês climáticos.

Un estudio de 2021 publicado en la revista médica The Lancet arrojó que más de la mitad de sus diez mil encuestados, todos jóvenes de entre 16 y 25 años y de diez países diferentes, experimentaron emociones negativas como ansiedäd e impotencia ante el cambio climático.

Con desästres más potentes y frecuentes, y un clima más errático que amenaza con sêquías, inundâciones y olas de cälor a las comunidades, es urgente que los profesionales de la salud comprendan el impacto del cambio climático en la salud mental, explica la doctora Ana Laura Torlaschi, asesora de la Organización Panamericana de Salud (OPS) para proyectos sobre salud y cambio climático.

Aunque es emergente, especialmente en América Latina, la evidencia de que estos eventos pueden aumentar los riesgos de deprësión, ansiedäd, trastörno de êstrés postraumáticö, abusö de sustancias y comportamiento suicidä resalta su importancia.

La organización de Médicos sin Fronteras, por ejemplo, lleva desde la década de 1990 implementando intervenciones de salud mental como parte de su labor de emergencia.

Con información de Infosalud

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